REFLEXIONES
El limbo pre-Bolonia de los títulos en Diseño
Un título no reconocido coloca una experiencia laboral de décadas en el mundo del diseño con una valoración a la altura de un título de Bachillerato.
En los últimos meses la revista especializada en diseño Graffica ha abierto la caja de Pandora hablando de la situación de una generación (no pequeña, vale acotar) de diseñadores que se encuentran (nos encontramos) en un limbo legal en lo que a titulación y reconocimiento se refiere.
Introducción
Todo esto vino a raíz de un post en Instagram del citado medio. En dicho post se entrevistaba a Óscar Guayabero (lee la entrevista aquí) y se hablaba de un perfil con mucha experiencia. Años de trabajo, formación y esfuerzo sin poder impartir clases de grado en centros universitarios.
¿Tiene sentido que el sistema valore más un título recién salido de la imprenta que décadas de experiencia y premios nacionales en la industria?
Esta entrevista me empujó a salir de la posición de «procrastinación en redes» y a tomar parte activa. Como es normal, comenté…
Una generación (casi)olvidada
Tras interactuar en ese post que mencionaba más arriba recibí un DM de Víctor Palau (editor de Graffica y director de Palaugea) preguntándome si me gustaría que me hiciera una entrevista para contar mi caso. «¡Rayos y centellas, si!», que diría el Capitán Haddock, ese entrañable gruñón de las viñetas de Hergé.
No voy a replicar la entrevista en este espacio (pero podéis leerla íntegra aquí). En su lugar haré un mini-resumen para situarnos. Yo estudié diseño gráfico en IED Madrid entre 1998 y 2001. En esa época estábamos todos llenos de ilusiones y a muchos nos costó mucho esfuerzo sacar el diploma (privado, no oficial y muy, muy caro, como toda formación en diseño en aquella época). En mi caso, entré en el mundo del diseño de una manera inesperada; me tropecé (stumble upon que diría un nativo angloparlante). El resultado de 3 años de mucho esfuerzo y aprendizaje fue una palmadita en la espalda y un papel a modo de diploma (muy chulo, de buen gramaje y escrito a mano, eso sí). Ya en mis prácticas del primer año (que me busqué yo mismo) aterricé en el estudio de Óscar Mariné. Su mentoría valió cien veces más que toda la carrera, por supuesto. Al finalizar el diploma en IED acabé trabajando en su estudio durante 4 años maravillosos donde compartí con grandes diseñadores como Pablo Rubio (Erretres), Thomas Steinborn o Mikel Garay. Grandes todos ellos y de los que aprendí muchísimo.
Al tiempo empecé a impartir clases de diseño en varias escuelas hasta que tuve la oportunidad de trabajar como docente en varias materias en centros de renombre (no vamos a dar nombres). La alerta saltó cuando en una de esas escuelas/universidades se me comunicó por email, tras 3 años de docencia en materias como Tipografía, Fundamentos del Diseño o como tutor en el TFG, que no contaban conmigo para el siguiente curso. ¿Por qué? A ver si lo adivináis… No tenía el Grado. Sólo un diploma bonito escrito a mano. ¿Mi reemplazo? Una docente recién salida de Grado con conocimiento escaso sobre el Diseño Gráfico a nivel profesional.
Después de esto mi experiencia como docente (muy enriquecedora, todo hay que decirlo) se ciñó a centros privados que no impartían enseñanzas oficiales de diseño. Solo titulaciones propias o cursos de herramientas digitales. Se me cerraban puertas de crecimiento y se me encasillaba como profesor de retoque digital o maquetación. Siempre fui mucho más que eso.
Las plataformas
Tras esa entrevista profundicé y vi que Graffica había entrevistado a varias diseñadoras y diseñadores más, lo que me produjo cierta sorpesa. Somos muchos en esta situación de olvido por parte de las instituciones. Yo he tratado de sacarme el título varias veces, incluso cuando trabajaba en una de las escuelas mencionadas anteriormente. Ahora mismo, de hecho, me encuentro estudiando el Grado en la UOC, sufriendo el plan Bolonia a mis 48 años, al igual que Júlia Solans.
¿Conoces a alguien más que se haya visto obligado a sacarse la carrera otra vez teniendo años de experiencia a la espalda?
No es que no me guste estudiar, pero compatibilizar una vida profesional de más de 20 años con una carrera universitaria con las exigencias que tiene, es bastante complicado a todos los niveles.
Esto ocasionó que llegara al perfil de SomGrau en Instagram, una plataforma que lucha por este reconocimiento a nivel institucional en Catalunya que está peleando y arrojando mucha luz sobre el tema. Estoy en contacto permanente con ellos viendo qué posibilidades existen actualmente para poder hacer algo con esos años de estudio, que casi parecen tirados a la basura en tiempo y dinero.
Conclusión
Sirva esta reflexión no como una pataleta, sino como un tirón de orejas a un sistema que ignora a sus propios profesionales. Es absurdo que décadas de dirección de arte, premios nacionales, publicaciones y proyectos reales queden reducidos a «educación secundaria» por un mero desfase burocrático.
Como señalan los testimonios de Óscar Guayabero, Júlia Solans o Rubén G. Castro en Gràffica, no somos casos aislados: somos una generación entera atrapada en un vacío institucional que prima el certificado por encima del conocimiento real. Sabemos que España es el país de la «titulitis». Volver a las aulas a los 40 o 50 años para demostrar lo que llevamos décadas ejerciendo no debería ser la única manera. Va siendo hora de que la administración cree pasarelas reales de homologación y reconozca, de una vez por todas, el valor de la experiencia. Esto también hace marca España: la apuesta por sus profesionales y su industria.
Y tú, ¿también compartes limbo? No dudes en contactar y compartir tu experiencia.